Friday, November 18, 2016

Carlos Irusta, una leyenda junto al ring

“Lean a Truman Capote”, era la consigna a los periodistas novicios recién llegados a la revista El Gráfico. El semanario incorporaba periodistas capaces de novelar los testimonios de los deportistas, provocar ansiedad en los lectores por el próximo número de la revista, llenar la abstinencia por el box hasta la próxima pelea, con el placer de la lectura. Tirar testimonios del buzón íntimo de los boxeadores del mundo y regarlo con fotos de ellos cayendo al piso, ante los ojos de los lectores. Una narrativa tradicional con el reportaje periodístico, el “nuevo periodismo” al estilo de “A sangre fría”: ganarse la confianza de los boxeadores. Compartir una comida con ellos y reconocerse como hombres de box a ambos lados de la mesa. Carlos Irusta los conoció a todos desde sus entrañas. Fue el único que entrevistó a Mike Tyson en el país. “Te dejé pasar porque sos hombre de box”, le dijo el campeón en la habitación del Sheraton. Sin conocerlo supo que tenía el curriculum necesario. Lo había empezado a escribir a los 16.
            A Irusta no le interesa narrar los escándalos de los boxeadores.  Podría hacerlo, pero sería dinero fácil para los dueños de los medios. Busca la costura de las historias pugilísticas. "Solamente quiere que lo vean entrenar y saquen sus conclusiones. No habrá cámaras, videos ni fotos, no quiere nadie que se vea lo que hará en movimiento o por foto", fueron las palabras que una vez le dijo el manager de Maravilla Martínez como condición para un reportaje previo a una pelea clave. Irusta lo escribió sin hablar con su entrevistado. Narrador de entrenamientos mudos.

Otras costuras

Una pelea se gana con la cabeza antes que con los músculos. “Es un deporte mental”, le explicó el entrenador de campeones mundiales Angelo Dundee. Irusta, el destinatario de esa conclusión, ha recopilado muchos testimonios que afirman esta máxima: “Véalo morir el próximo sábado en el Luna Park”, cantó a capela Andrés Selpa en la vereda del Estadio Luna Park mientras repartía panfletos para promocionarse ante su rival Rocky Rivero. Serpa le ganaría y al final de su carrera terminaría en el Borda.
La narración de ese miedo y su superación es el nervio ciático de sus composiciones. Narrador psicológico, como las películas de box. Los mayores adversarios de los luchadores, son ellos mismos. Un trabajo difícil para el periodista. Una labor entre cuerdas. Prestidigitador, adivino, tarotista, un investigador de crímenes que todavía no sucedieron. Inspector por dos.
            “Mi primer cuento fue sobre un boxeador que perdió una pelea, pero yo quise que ganara”, recuerda Irusta de su primera pelea literaria a los once años. Su tío Agustín Irusta era cantante y renombrado actor de películas argentinas. Su padre, entrenador primero en la Federación de Box, y luego en el Luna Park. La madre una experta del box y la mejor consejera de su marido, una gran observadora del ambiente, como Carlos la recuerda.

Con los guantes en la cena

El parte pugilístico llegaba a la noche en la cena familiar. Madre, padre e hijo alrededor de la mesa. Los mayores hablando sobre box y los problemas laborales: las charlas técnicas, las discusiones, los revanchismos, los enfrentamientos. El box es el deporte más dramático. Los sábados visitaba a su papá en el gimnasio en un subsuelo frente al Luna Park, luego en el nuevo gimnasio del Luna. Se escapaba y recorría el estadio, miraba las peleas desde la tribuna alta de avenida Eduardo Madero, escuchaba las charlas entre boxeadores y entrenadores.
De adolescente cambió de hábitos. Su mamá felizmente había conseguido un trabajo. Su hijo comenzó a entrenar de chico su profesión: “Hay gente que se levanta con hambre a la mañana, yo con ganas de leer”. Amaba el callejeo, estudiar inglés en la Cultural Inglesa de Congreso y leer de todo en la biblioteca Lincoln, de la que aún hoy es socio. Se entrenó para la vida, la que él quería. Siempre que había una vacante en la radio o en un medio, estaba en el lugar indicado.
            Es un hombre práctico. No se define nostálgico. Pero, no le gusta los modos de hoy: “La gente te empuja y está siempre apurada”. Irusta opina que en otra gran ciudad pugilística como Nueva York, esto no pasa. Además, “antes los ídolos eran del mundo del box, después el fútbol. Hoy el ídolo del barrio para el más chico es el que vende droga, llega con la cuatro por cuatro y no tiene que pegarse piñas y entrenar”, se lamenta. También recuerda que la prensa promovía el box y ahora no está bien visto. Pero también ramata: “Tengo historias para contar. Después de haberlo visto a Monzón, la vara es alta”.
Se divirtió mucho en su vida profesional. Se animaría a escribir otro libro, pero no encuentra el momento. El primer libro titulado “El Sendero del guerrero” es una recopilación de los mejores reportajes a famosos boxeadores y entrenadores para la revista El Gráfico. El impulso de su primer libro surgió por el recuerdo del reportaje a Ramón Jara: “Boxeaba (con el fin de ser famoso) para encontrar a su mamá”. Entonces, junto al ex campeón nacional liviano Lorenzo García, Ramón Jara, Ricardo Alfieri hijo se lanzaron a buscarla, y la encontraron. Otro crimen resuelto.
Junto al box recorrió Rosario, Mendoza, Salta, el país entero. Luego, llegaron viajes a Panamá, Las Vegas, Nueva York, California, por cientos. Disfrutó su vida profesional, pero sufrió su vida personal. El día del nacimiento de su primer hijo, María Julia, llegó de viaje y fue directo al hospital. Usó el pijama que trajo en la valija y se quedó a dormir, sin permiso. “Vos pensás que esto es un hotel”, le dijo su ex mujer. A la mañana siguiente ya estaba en aeroparque camino a Mendoza para relatar la pelea de Hugo Pastor Corro. Ella tenía razón. Los sábados y domingos no existía por culpa del trabajo. Se iba de viaje por una semana o un mes. Si no estaba trabajando, estaba con ellos: “Cuando estaba, me encargaba”, reafirma. Los tres hijos nunca le reprocharon las ausencias laborales. Era el sustento de la familia ¿Qué podía hacer?
“Carlos es un hombre amable, generoso, didáctico”, recuerda su pupilo periodístico Eduardo Bejuk, que hizo sus primeras armas en los noventa en revista “Ring Side”. Aunque luego Bejuk pasaría a trabajar para otro medio, la revista Olé, Carlos Irusta mantendría su ADN con su compañero. Ellos compartieron reportajes, diferentes miradas boxísticas, primicias, durante los viajes de trabajo. Los minutos libres de descanso charlaban sobre literatura y las experiencias que forjan la vida. Su ex compañero de trabajo lo define: “Un hombre juvenil”. Un periodista con  gran enganche con la juventud. Un investigador pugilístico con muchos crímenes por resolver aún.

El destino del dolar y el país

Macri se desespera en hablar con el nuevo presidente electo de Estados Unidos, mientras cae en simultáneo el dólar. Consigue la entrevista, pero el dólar no se anoticia. La política económica del gobierno está en juego. La Argentina se endeudó en 40 mil millones de dólares para cubrir el déficit con bonos con tasas del 9% al 5%. Los bonistas que compraron la deuda, hacían la siguiente operación. Se endeudaban arriba del 2% con el Tesoro Norteamericano, y compraban bonos en Argentina. Ellos hacían la diferencia. El equipo económico de Macri esperaba que la tasa norteamericana iría aumentando paulatinamente, e iba a poder refinanciar la deuda que emitió este año, los años próximos.
Trump ganó las elecciones denunciando el tratado de libre comercio del Nafta, la inmigración, prometiendo el proteccionismo y los mercados financieros dudan que la tasa aumente gradualmente. Si la tasa aumentase a un mayor ritmo que el esperado, la Argentina entraría en default y quienes compraron bonos habrían perdido el negocio propuesto por el equipo de Macri. Pánico en la city. Luego de ingresar cuantiosos dólares, una “mariposa” o, mejor dicho un halcón, rompió la brújula de la previsibilidad. Empezó la fuga de capitales.
Trump en estos últimos días intenta formar un equipo más ajustado a las expectativas del mercado. Nombró a James Dimon, un hombre del JP Morgan (como todo el equipo de Macri), en el Tesoro, y nombró Reince Priebus, presidente de la Comisión Nacional Demócrata, como jefe de Gabinete. Pero también es ambiguo. Su jefe de estrategia y consejero principal es un fascista del Movimiento de la Alternativa de Derecha o “Alt+right”.
Las promesas de Trump también están en el lodo de las ambigüedades: prometió mejores condiciones para los trabajadores, pero está contra el salario mínimo. Promete planes de infraestructura, pero baja el impuesto a las ganancias, que en Estados Unidos sólo pagan los ricos, del 35% al 18%. Tampoco es coherente el plan antiinmigración, si quiere realizar infraestructura ¿Quienes hicieron el Empire State Building y las Torres Gemelas? Macri mira el tiempo económico esperando que los vientos cambien.
Detrás de las ambigüedades de Trump, se esconde un factor determinante: La apuesta de los Halcones de incrementar la guerra comercial con China. Esta es la brújula que se rompió en la economía norteamericana. Cambiar el rumbo de un enorme barco económico, es arto complejo. Obama declaró a principios de su mandato: “El futuro de norteamérica está en el Extremo Oriente”, pero terminó su mandato en medio de guerras en Medio Oriente. Los Republicanos están dispuestos a reforzar el mandato de Obama, pero por otros medios. Trump se declaró contra el Plan del Nafta, porque solapadamente los chinos y los Japoneses ingresan sus productos por México. El primer mandatario hace buenas migas con Putin con la esperanza de separar a Rusia de China. La promesa de recuperar los trabajos que se fueron a países extranjeros, como la siderurgia y la industria automotriz, es la moneda de cambio en caso de que los Chinos no accedan a los acuerdos comerciales norteamericanos. No es en interés de los trabajadores de su país.

Los capitales financieros en la bolsa de China representan sólo el 2% de las transacciones y en Estados Unidos los capitales extranjeros operan por el 30%. China ha ido accediendo a las demandas norteamericanas, porque en definitiva es un gobierno capitalista, pero a su propio ritmo. Estados Unidos, en cambio, se le está acabando el tiempo, en medio de la mayor crisis económica de la historia mundial. Macri mira desde lejos el futuro improbable de su plan económico.

Wednesday, September 21, 2016

Golpe a los libros




La próxima “Noche de los museos” en la Ciudad de Buenos Aires conmemora los 37 años de la mayor quema de libros de la historia latinoamericana durante la última dictadura militar en una muestra fotográfica en la escuela Mariano Acosta de la Ciudad de Buenos Aires el próximo 29 de octubre. La exposición contiene fotos inéditas de la desaparición de bibliografía considerada subversiva entonces, y publicada por una única editorial. La colección sólo ha recorrido algunas escuelas de Avellaneda y la comunidad de exiliados Argentinos en México.
Un libro debe valer menos que un kilo de pan” fue el lema del propietario de la editorial, Boris Spivakow. El Centro Editor de América Latina (CEAL) sufrió la destrucción de dos toneladas y media de su material. Una medida superior en peso físico y cultural, que el regalo de dos toneladas de frutas y verduras en Plaza de Mayo por agricultores quebrados el 14 de setiembre último. Hoy la Argentina se debate entre el hambre y la quiebra.
Un libro debe valer menos que un kilo de pan” fue una declaración de principios. La opinión de Boris Spivakow, argentino e hijo de revolucionarios rusos, era que el libro era una necesidad básica. El editor perseguía la mayor cantidad de impresiones por sobre lucro de su empresa editorial. Había creado su propio Ministerio, con política pública propia, en época del terrorismo de Estado. Hoy la Argentina se debate entre un kilo de carne animal y una vida. Los tiempos cambiaron.
Los libros que no se vendían se reciclaban. Los despojos de papel en blanco de una impresión eran también reciclados en libros de bolsillo. Innovador y ambientalista. Sus críticos destacaban la baja calidad. Tapas mal pegadas, baja calidad del papel y algunas con errores evidentes. Aunque Spivakow era un atento lector, corrector y conocía bien el castellano, nunca leía los libros que publicaba. Prefería no hacerlo. Dejó de leerlos para que otros pudieran leer. Si los hubiera leído con espíritu bibliotecario, nunca hubieran dado a luz. Cultura sin profiláctico. Los autores aceptaban los modestos derechos que les ofrecía el Centro Editor. A cambio, la editorial les aseguraba una difusión que nadie podía dar. La editorial paga un salario sin fines de lucro”, testimonian los escritores Ismael y David Viñas, Noé Jitrik, Josefina Ludmer en Un golpe a los libros: represión a la cultura durante la última dictadura militar.
Otras requisas y quemas de libros persiguieron ejemplaridad moral en los primeros años de la dictadura. Sin embargo, la denominada “quema de Sarandí” fue administrativa y silenciosa. Los libros fueron encontrados por accidente por una inspección municipal y notificado a la justicia de La Plata. Los primeros detenidos fueron los empleados del depósito, en total 14 personas. Uno tras otro. Pero, el director no se presentaba ante la justicia por el miedo a la desaparición, por recomendación de su abogado. Spivakow no resistió los consejos legales. Si en el Centro hay una ideología o lo que fuere, el responsable soy yo, no son los empleados”, le contestó. Él y su familia se dirigieron junto al administrador de la editorial a los tribunales federales de La Plata. Durante el viaje Spivakow padre le preguntó a su hijo: Escuchame una cosa, Miguelito, vos que sos médico si me torturan… yo ¿Qué puedo decir… que tengo alguna enfermedad? ¿Qué les digo que estoy enfermo del corazón, que tengo diabetes?”. Intentó decirlo como quitándole importancia. Boris Spivakow llevaba una valija con ropa y comida. Creían que iba a quedar preso. Los nervios se comprimieron. Camino a Avellaneda, el administrador se bajó del tren. La familia siguió hasta Banfield donde los esperaban los abogados y en La Plata se presentó Boris Spivakow ante el tribunal federal. El juez del ejército retirado de La Serna inició un juicio por la ley antisubversiva, pero lo dejó libre junto a sus empleados ¿Un golpe de suerte?
Pero, la vida de Spivakow era la impresión. La publicación de libros eran sus nutrientes, como el agua y el sol para los árboles. El Centro Editor quebraría si la editorial continuaba cerrada. El último día del año antes de las ferias, Spivakow y su abogado se presentaron voluntariamente frente al juez militar. Le propusieron separar los libros objetables. De La Serna aceptó. Tiempo después absolvería a Boris Spivakow ¿Quién era este editor?
Imaginemos los libros que ardieron aquel otoño de 1980. No hay una lista. Supongamos que muchos de los títulos quemados están hoy en las bibliotecas de organizaciones políticas: Madres de Plaza de Mayo (MPM), el Partido Obrero (PO), la de la Central General de Trabajadores(CGT). Estas bibliotecas cuentan con decenas de libros del Centro Editor. Madres alberga arriba de cien títulos: El Tucumanazo” de Emilio Crenzel, La revolución China” de Vazeilles. La biblioteca del PO cuenta con más de 50 títulos. Contiene, entre otros, la colección de La historia del movimiento obrero”, Apoyo Empresarial en los orígenes del Peronismo” de Torcuato Di Tella y la reedición en democracia de la colección Política Argentina”. Pero, también ardieron libros de cultura general. Mucho miedo.
Las bibliotecas de las fuerzas armadas no escaparon de las garras del Centro Editor. Aunque los títulos que sobreviven allí son políticamente liberales, técnicos, ascéticos para el capitalismo. La biblioteca General Manuel Nicolás Savio del Instituto Universitario del Ejército tiene títulos del Centro Editor: clásicos como El Príncipe” de Maquiavelo y liberales como Economìa polìtica clásica” de Adam Smith. Otros como Literatura y sociedad”, de George Lucas. Los libros del Centro Editor están en la Red de Bibliotecas de las Fuerzas Armadas (Re.Fi.Ba). Inclusive, José Luis de Imaz, sobrino del Ministro de Interior de Onganía, publicó en la editorial EUDEBA, también creada por Boris Spivakow y cerrada por Onganía, un libro sobre las familias ricas y patricias del país. La lectura en el país quedó signada por la editorial ¿El juez De La Serna habría leído títulos publicados por la editorial antes de procesar a Spivakow?
La quema sucedió un año después de la intervención del juez. Gendarmes cargaron un millón y medio de ejemplares en dos camiones que pasaron por la empresa Sasetru en Avellaneda para ser pesados. Bajaron el material en un terreno baldío en Sarandí y los incendieron. Pero, resistían en quemarse, tenían vida. Los gendarmes desearon no estar ahí, salieron a pedir plata a los vecinos y a los testigos de la editorial. La editora Delia Maunás, quien escribiría “Memoria de un sueño argentino” después, y el fotógrafo Ricardo Figueiras, quien documentó la escena, se fueron antes que colaborar con la destrucción de las obras. Ardieron por dos días.
La aspiración máxima de los hombres es permanecer, en la Cultura, más allá de su resistencia física, por sobre encima del lucro personal. Spivakow lo consiguió a través del viejo soporte de papel. Él resistió con las armas de la Cultura, la dictadura que le quemó un millón y medio de ejemplares. Volvió a publicar algunos títulos políticos quemados con la llegada de la democracia. El Centro Editor imprimió desde su fundación antes de la dictadura de Onganía en 1964 y hasta un año después de su muerte en 1994. Imprimieron más de seis mil títulos con millones de libros impresos. La Biblioteca Nacional recuperó y ordenó los títulos del Centro Editor en el proyecto denominado Alejandría donde se publicó el libro “Catalago del Centro Editor”, con innumerables testimonios y reseña de títulos. Consagró en un acto, también, con el nombre Boris Spivakow a la plaza en la que se asienta bajo la Biblioteca Nacional ¿Cuáles serían sus palabras sobre Internet, invento de las fuerzas militares norteamericanas y consagración del conocimiento universal (Wikipedia)?

Friday, September 2, 2016

Entrevistamos a Mangabeira Unger, ex ministro de Lula y Dilma, en el programa Democracia 3.0 de Radio Cultura FM 97.9

El ex ministro de Asuntos Estratégicos Mangabeira Unger y profesor de Hadvard no quería hablar sobre Brasil, pero algo le sacamos en Democracia 3.0 en Radio Cultura FM 97.9. Fui invitado a participar al programa por mi amigo Santiago Mantelli y Gabriel Saez.

Entrevista en Democracia 3.0 el 31 de agosto

Saturday, June 11, 2016

Leer para curarse del frío

Los dedos todos juntos

    Las manos le dirán la forma de aprender, bonitos trucos para protegerse del frío. El resto depende de usted. Avenida Corrientes, desfile de manos de mujeres asustadas por la humedad polar que sobrevuela Buenos Aires. Brazos cruzados con manos tocando los codos. Manos entrelazadas con los puños de lana abrigando los dedos de las más jóvenes. Dedos entrecruzados de mujeres policía que custodian el templo judío y la casa de los bomberos. Mujeres que llevan guantes y no traen gorro. O que traen gorro y se olvidaron los guantes. Sábana corta para la más desprevenida. Y los dedos como niños con miedo, todos juntos. Y ni un niño ni una madre en la calle . Pero ¡Señora, el frío no enferma!¡Los virus enferman! Y las damitas que ignoran a las caminantes, cerca de la ventana del bar, con los dedos acariciando un submarino.
     Los hombres, los hombres en cambio, con el gesto canchero de las manos en los bolsillos, del jean con los dedos gordos afuera (porque son gordos), del saco y el sobretodo. Siempre como si no pasara nada. ¿Invierno, verano? Qué más da. Y el motoquero de la Yamaha z16 de la Avenida Scalabrini Ortiz en la vereda del delivery Cruz del Sur contando cómo le gusta andar la moto, que le importa un bledo el frío. Viva la velocidad y cuanto más rápido, más plata. La cara a la intemperie. Pero las manos, las manos. Las manos con gruesos guantes negros y entre los dedos un pucho humeante que no deja después de que le entreguen un pedido y tampoco sobre la máquina. Y en la misma vereda, el cartonero con guantes y los dedos descubiertos para el trabajo de a pie: “¿Jefe una moneda?”.
      Los rostro ocultos o algo arrugados como haciendo fuerza. Sólo las manos para contar el relato del miedo al invierno y conocer las diferencias de género, de histeria y de macho en la principal ciudad de Argentina.

Sunday, May 22, 2016

Apagón cultural para el teatro independiente

Los apagones de luz durante el verano por la crisis energética dieron paso a los apagones culturales por el aumento de las facturas de energía. Cultura Unida, una organización que nuclea a asociaciones de salas, clubes de barrio, milongas y centro de jubilados,  lanzaron la consigna “Apagón Cultural” frente a los aumentos desmedidos de luz, agua y gas, con el fin de dar a conocer la crisis económica por la que están pasando. Las salas de teatro realizaron un minuto de apagón con un audio que explicaba a los espectadores la situación económica crítica que vive el teatro independiente, el último sábado. Cultura Unida pidió a la legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, un fondo de emergencia hasta que el Gobierno Nacional implemente una tarifa cultural o social para salvar del cierre a estas organizaciones.
“Los aumentos de luz llegan a ser un doble alquiler para las salas independientes”, declaró Liliana Weinver, la presidenta de la asociación de salas Artei que nuclea a 90 salas en la ciudad de Buenos Aires. Weinver enfatizó que las obras de teatro independiente se realizan con el trabajo y esfuerzo de los actores, directores y puestitas, organizados en cooperativas culturales. Según, Julieta Alonso, secretaría de Artei, el 100% de las salas agrupadas en la asociación corre riesgo de cierre si el gobierno no implementa una política cultural para el teatro independiente. Estas salas tienen de 30 a 60 localidades y son contadas las que tienen hasta 250 butacas. El tamaño de las salas no permite bajo ningún aspecto desarrollar una actividad con fines de lucro. Por otro lado, la movida teatral de Buenos Aires equipara a ciudades europeas como Berlín y Paris, gracias al desarrollo del teatro independiente. Estas obras son parte del lustre y reconocimiento mundial de Buenos Aires como ciudad cultural.
El incremento exponencial de las tarifas tampoco pueden ser trasladados a las entradas, porque el público del teatro under no podría pagarlas. El precio de las entradas para estos teatros oscila entre los 130, 150 y 180 pesos, y muchas ventas incluyen promociones de dos por uno. El  traslado del costo a las entradas significaría un aumento del por lo menos 100% del valor de la entrada. Un cifra similar por la que se paga por una entrada del teatro comercial, que cuenta con grandes elencos y publicidad para atraer público con poder adquisitivo. En cambio, el público del teatro independiente se quedaría sin actividades culturales, en su mayoría trabajadores, porque los aumentos de sus salarios no acompañan la inflación. Es por lo tanto, un golpe para la cultura de la ciudad y un doble golpe para el trabajador, que lucha por subsistir y se lo expulsa del ámbito cultural. Macri fue explícito con esta clase social: “Si tienen frío en casa, usen un sweater”.
Algunos números. El Teatro del Pueblo, el primer teatro independiente de la Argentina, pasó de pagar una factura de luz de 1800 a pagar 7800 pesos, un aumento del 433%; el teatro la Carpintería pasó de 1200 pesos de luz a 8000, o un diabólico aumento de 666%. “Todavía el impacto del aumento de luz no llegó al teatro, porque en febrero hay poca actividad, pero si la próxima factura aumentara un 700%, deberíamos cerrar”, declaró Martín Ortiz socio del Teatro Crisol. Este teatro cuenta con Proteatro que otorga hasta un 50% de subsidio en el mantenimiento de la sala por parte del Gobierno de la Ciudad. Otros teatros, cuentan con subsidios del Instituto Nacional del Teatro. La ciudad de Buenos Aires paga con regularidad los subsidios y los salas tienen expectativas que el Gobierno de la Ciudad acompañe sus reclamos. Hasta ahora, las diferencias con el Gobierno de la Ciudad habían sido por el maltrato que los inspectores ejercen sobre estos teatros, muchas veces cierres arbitrarios.
Los propietarios de teatros comerciales acompañan las iniciativas del teatro independiente, aunque no se sumaron al Apagón Cultural. Ellos tienen su propia Cámara Empresarial, la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales y su realidad es diferente. Pero también similar, porque sufren la crisis económica como la mayoría de las Pyme de la Argentina.