Wednesday, September 21, 2016

Golpe a los libros




La próxima “Noche de los museos” en la Ciudad de Buenos Aires conmemora los 37 años de la mayor quema de libros de la historia latinoamericana durante la última dictadura militar en una muestra fotográfica en la escuela Mariano Acosta de la Ciudad de Buenos Aires el próximo 29 de octubre. La exposición contiene fotos inéditas de la desaparición de bibliografía considerada subversiva entonces, y publicada por una única editorial. La colección sólo ha recorrido algunas escuelas de Avellaneda y la comunidad de exiliados Argentinos en México.
Un libro debe valer menos que un kilo de pan” fue el lema del propietario de la editorial, Boris Spivakow. El Centro Editor de América Latina (CEAL) sufrió la destrucción de dos toneladas y media de su material. Una medida superior en peso físico y cultural, que el regalo de dos toneladas de frutas y verduras en Plaza de Mayo por agricultores quebrados el 14 de setiembre último. Hoy la Argentina se debate entre el hambre y la quiebra.
Un libro debe valer menos que un kilo de pan” fue una declaración de principios. La opinión de Boris Spivakow, argentino e hijo de revolucionarios rusos, era que el libro era una necesidad básica. El editor perseguía la mayor cantidad de impresiones por sobre lucro de su empresa editorial. Había creado su propio Ministerio, con política pública propia, en época del terrorismo de Estado. Hoy la Argentina se debate entre un kilo de carne animal y una vida. Los tiempos cambiaron.
Los libros que no se vendían se reciclaban. Los despojos de papel en blanco de una impresión eran también reciclados en libros de bolsillo. Innovador y ambientalista. Sus críticos destacaban la baja calidad. Tapas mal pegadas, baja calidad del papel y algunas con errores evidentes. Aunque Spivakow era un atento lector, corrector y conocía bien el castellano, nunca leía los libros que publicaba. Prefería no hacerlo. Dejó de leerlos para que otros pudieran leer. Si los hubiera leído con espíritu bibliotecario, nunca hubieran dado a luz. Cultura sin profiláctico. Los autores aceptaban los modestos derechos que les ofrecía el Centro Editor. A cambio, la editorial les aseguraba una difusión que nadie podía dar. La editorial paga un salario sin fines de lucro”, testimonian los escritores Ismael y David Viñas, Noé Jitrik, Josefina Ludmer en Un golpe a los libros: represión a la cultura durante la última dictadura militar.
Otras requisas y quemas de libros persiguieron ejemplaridad moral en los primeros años de la dictadura. Sin embargo, la denominada “quema de Sarandí” fue administrativa y silenciosa. Los libros fueron encontrados por accidente por una inspección municipal y notificado a la justicia de La Plata. Los primeros detenidos fueron los empleados del depósito, en total 14 personas. Uno tras otro. Pero, el director no se presentaba ante la justicia por el miedo a la desaparición, por recomendación de su abogado. Spivakow no resistió los consejos legales. Si en el Centro hay una ideología o lo que fuere, el responsable soy yo, no son los empleados”, le contestó. Él y su familia se dirigieron junto al administrador de la editorial a los tribunales federales de La Plata. Durante el viaje Spivakow padre le preguntó a su hijo: Escuchame una cosa, Miguelito, vos que sos médico si me torturan… yo ¿Qué puedo decir… que tengo alguna enfermedad? ¿Qué les digo que estoy enfermo del corazón, que tengo diabetes?”. Intentó decirlo como quitándole importancia. Boris Spivakow llevaba una valija con ropa y comida. Creían que iba a quedar preso. Los nervios se comprimieron. Camino a Avellaneda, el administrador se bajó del tren. La familia siguió hasta Banfield donde los esperaban los abogados y en La Plata se presentó Boris Spivakow ante el tribunal federal. El juez del ejército retirado de La Serna inició un juicio por la ley antisubversiva, pero lo dejó libre junto a sus empleados ¿Un golpe de suerte?
Pero, la vida de Spivakow era la impresión. La publicación de libros eran sus nutrientes, como el agua y el sol para los árboles. El Centro Editor quebraría si la editorial continuaba cerrada. El último día del año antes de las ferias, Spivakow y su abogado se presentaron voluntariamente frente al juez militar. Le propusieron separar los libros objetables. De La Serna aceptó. Tiempo después absolvería a Boris Spivakow ¿Quién era este editor?
Imaginemos los libros que ardieron aquel otoño de 1980. No hay una lista. Supongamos que muchos de los títulos quemados están hoy en las bibliotecas de organizaciones políticas: Madres de Plaza de Mayo (MPM), el Partido Obrero (PO), la de la Central General de Trabajadores(CGT). Estas bibliotecas cuentan con decenas de libros del Centro Editor. Madres alberga arriba de cien títulos: El Tucumanazo” de Emilio Crenzel, La revolución China” de Vazeilles. La biblioteca del PO cuenta con más de 50 títulos. Contiene, entre otros, la colección de La historia del movimiento obrero”, Apoyo Empresarial en los orígenes del Peronismo” de Torcuato Di Tella y la reedición en democracia de la colección Política Argentina”. Pero, también ardieron libros de cultura general. Mucho miedo.
Las bibliotecas de las fuerzas armadas no escaparon de las garras del Centro Editor. Aunque los títulos que sobreviven allí son políticamente liberales, técnicos, ascéticos para el capitalismo. La biblioteca General Manuel Nicolás Savio del Instituto Universitario del Ejército tiene títulos del Centro Editor: clásicos como El Príncipe” de Maquiavelo y liberales como Economìa polìtica clásica” de Adam Smith. Otros como Literatura y sociedad”, de George Lucas. Los libros del Centro Editor están en la Red de Bibliotecas de las Fuerzas Armadas (Re.Fi.Ba). Inclusive, José Luis de Imaz, sobrino del Ministro de Interior de Onganía, publicó en la editorial EUDEBA, también creada por Boris Spivakow y cerrada por Onganía, un libro sobre las familias ricas y patricias del país. La lectura en el país quedó signada por la editorial ¿El juez De La Serna habría leído títulos publicados por la editorial antes de procesar a Spivakow?
La quema sucedió un año después de la intervención del juez. Gendarmes cargaron un millón y medio de ejemplares en dos camiones que pasaron por la empresa Sasetru en Avellaneda para ser pesados. Bajaron el material en un terreno baldío en Sarandí y los incendieron. Pero, resistían en quemarse, tenían vida. Los gendarmes desearon no estar ahí, salieron a pedir plata a los vecinos y a los testigos de la editorial. La editora Delia Maunás, quien escribiría “Memoria de un sueño argentino” después, y el fotógrafo Ricardo Figueiras, quien documentó la escena, se fueron antes que colaborar con la destrucción de las obras. Ardieron por dos días.
La aspiración máxima de los hombres es permanecer, en la Cultura, más allá de su resistencia física, por sobre encima del lucro personal. Spivakow lo consiguió a través del viejo soporte de papel. Él resistió con las armas de la Cultura, la dictadura que le quemó un millón y medio de ejemplares. Volvió a publicar algunos títulos políticos quemados con la llegada de la democracia. El Centro Editor imprimió desde su fundación antes de la dictadura de Onganía en 1964 y hasta un año después de su muerte en 1994. Imprimieron más de seis mil títulos con millones de libros impresos. La Biblioteca Nacional recuperó y ordenó los títulos del Centro Editor en el proyecto denominado Alejandría donde se publicó el libro “Catalago del Centro Editor”, con innumerables testimonios y reseña de títulos. Consagró en un acto, también, con el nombre Boris Spivakow a la plaza en la que se asienta bajo la Biblioteca Nacional ¿Cuáles serían sus palabras sobre Internet, invento de las fuerzas militares norteamericanas y consagración del conocimiento universal (Wikipedia)?

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