Macri se desespera en hablar con el nuevo presidente electo
de Estados Unidos, mientras cae en simultáneo el dólar. Consigue la entrevista,
pero el dólar no se anoticia. La política económica del gobierno está en juego.
La Argentina se endeudó en 40 mil millones de dólares para cubrir el déficit
con bonos con tasas del 9% al 5%. Los bonistas que compraron la deuda, hacían
la siguiente operación. Se endeudaban arriba del 2% con el Tesoro
Norteamericano, y compraban bonos en Argentina. Ellos hacían la diferencia. El
equipo económico de Macri esperaba que la tasa norteamericana iría aumentando
paulatinamente, e iba a poder refinanciar la deuda que emitió este año, los
años próximos.
Trump ganó las elecciones denunciando
el tratado de libre comercio del Nafta, la inmigración, prometiendo el
proteccionismo y los mercados financieros dudan que la tasa aumente
gradualmente. Si la tasa aumentase a un mayor ritmo que el esperado, la
Argentina entraría en default y quienes compraron bonos habrían perdido el
negocio propuesto por el equipo de Macri. Pánico en la city. Luego de ingresar
cuantiosos dólares, una “mariposa” o, mejor dicho un halcón, rompió la brújula
de la previsibilidad. Empezó la fuga de capitales.
Trump en estos últimos días intenta
formar un equipo más ajustado a las expectativas del mercado. Nombró a James
Dimon, un hombre del JP Morgan (como todo el equipo de Macri), en el Tesoro, y
nombró Reince Priebus, presidente de la Comisión Nacional Demócrata, como jefe
de Gabinete. Pero también es ambiguo. Su jefe de estrategia y consejero
principal es un fascista del Movimiento de la Alternativa de Derecha o
“Alt+right”.
Las promesas de Trump también están
en el lodo de las ambigüedades: prometió mejores condiciones para los
trabajadores, pero está contra el salario mínimo. Promete planes de
infraestructura, pero baja el impuesto a las ganancias, que en Estados Unidos
sólo pagan los ricos, del 35% al 18%. Tampoco es coherente el plan
antiinmigración, si quiere realizar infraestructura ¿Quienes hicieron el Empire
State Building y las Torres Gemelas? Macri mira el tiempo económico esperando
que los vientos cambien.
Detrás de las ambigüedades de Trump,
se esconde un factor determinante: La apuesta de los Halcones de incrementar la
guerra comercial con China. Esta es la brújula que se rompió en la economía
norteamericana. Cambiar el rumbo de un enorme barco económico, es arto
complejo. Obama declaró a principios de su mandato: “El futuro de norteamérica
está en el Extremo Oriente”, pero terminó su mandato en medio de guerras en
Medio Oriente. Los Republicanos están dispuestos a reforzar el mandato de
Obama, pero por otros medios. Trump se declaró contra el Plan del Nafta, porque
solapadamente los chinos y los Japoneses ingresan sus productos por México. El
primer mandatario hace buenas migas con Putin con la esperanza de separar a
Rusia de China. La promesa de recuperar los trabajos que se fueron a países
extranjeros, como la siderurgia y la industria automotriz, es la moneda de
cambio en caso de que los Chinos no accedan a los acuerdos comerciales
norteamericanos. No es en interés de los trabajadores de su país.
Los capitales financieros en la bolsa
de China representan sólo el 2% de las transacciones y en Estados Unidos los
capitales extranjeros operan por el 30%. China ha ido accediendo a las demandas
norteamericanas, porque en definitiva es un gobierno capitalista, pero a su
propio ritmo. Estados Unidos, en cambio, se le está acabando el tiempo, en
medio de la mayor crisis económica de la historia mundial. Macri mira desde
lejos el futuro improbable de su plan económico.
No comments:
Post a Comment