Friday, October 3, 2014

A veinticinco años de la masacre de Tiananmen

La plaza Tiananmen tiene un obelisco erigido a los “Los Héroes del Pueblo”, que describe ocho grandes sucesos de la historia China. Uno de los relieves alude al movimiento 4 de mayo de 1919, cuando miles de estudiantes manifestaron contra la ocupación japonesa y el tratado de Versalles. Alrededor de este obelisco, construido por Mao Zedong, se congregaron precisamente decenas de miles de estudiantes y obreros, hace 25 años, en un nuevo movimiento por la democracia. El obelisco no registra esta nueva gesta. El ejército reprimió la movilización, a costa de un derramamiento de sangre. La conmemoración de la masacre está prohibida; los textos escolares no hacen referencia a ese acontecimiento histórico; el gobierno ha borrado las búsquedas relacionadas en Internet. Sin embargo, tras décadas de acelerada introducción del capitalismo, China atraviesa una nueva crisis económica y una fuerte acentuación de las contradicciones políticas y sociales.
Las manifestaciones en Plaza de la Puerta de la Paz Celestial o Tiananmen comenzaron en la primavera de 1989, días después de la muerte del ex Secretario General del PCCh, el Partido Comunista Chino, Hu Yaobang. Los estudiantes se reunieron espontáneamente para recordar a Hu, quien había intentado promover reformas políticas liberales. La economía China se encontraba en recesión, con una inflación del 20% anual. Los estudiantes demandaban libertad de expresión y el fin de la corrupción oficial. Las tensiones sociales se reprodujeron al interior del Partido Comunista, en un contexto europeo muy especial: a lo largo de la ex Unión Soviética y de Europa oriental, se producían movilizaciones similares. Las reacciones oficiales fueron variadas. La decisión del dictador de Rumania, Ceaucescu, de reprimir en forma violenta al pueblo, concluyó en una insurrección popular y en el fusilamiento inmediato del matrimonio gubernamental. Poco después sería derribado el Muro de Berlín, luego de un intento fallido de reformas políticas, por parte de las autoridades de la entonces Alemania oriental.
Los dirigentes chinos, que ya habían visto amenazado su poder durante la Revolución Cultural de mediados de los años 60, incluida la disolución del partido comunista, se dividieron en la respuesta a seguir. Un ala ‘blanda’ insistía en la necesidad de reformas políticas paulatinas, para desatar un desarrollo de las fuerzas productivas. En la disputa venció el ala ‘dura’ partidaria de la ley marcial. Tras la tercera semana de ocupación de la Plaza, las manifestaciones se extendieron a cerca de 400 ciudades y los estudiantes iniciaron una huelga de hambre. Una reunión con Gorbachov tuvo que ser cancelada, por el temor de que la presencia el primer ministro de la ex URSS, un reformista, fuera la ocasión de un estallido popular. Enseguida, el fracaso de los reformistas por alcanzar un acuerdo para desalojar en forma pacífica Tiananmen, el ala dura del PCCh decretó la ley marcial el 20 de mayo. Hacia fines del mes, el ejército estaba emplazado en los suburbios de Pekín. El número de muertos dejado por la represión en la Plaza, se estima entre centenares y miles de estudiantes.  
Este desenlace de la crisis provocó un cambio de política económica: un fuerte incentivo al ingreso de capital extranjero, que se tradujo en u$s 50/60 mil millones anuales promedio, hasta 2010. China creció, en las dos décadas posteriores a Tiananmen,  al 12% al año. El PBI aumentó 20 veces y posicionó a China como la segunda economía del mundo. La implantación del capitalismo fue acompañada por un sistema autoritario, no por una democracia – repitiendo lo ocurrido en Europa y Japón, en el siglo XIX, y por los países del sudeste asiático, entre los años 50 y 80 del siglo XX.
China se encuentra, en la actualidad, en un nuevo impasse: el PBI no logra superar la tasa del 7% anual, con tendencia decreciente. Existe una sobreinversión enorme en la industria pesada y en la construcción residencial, y una acumulación de créditos incobrables en el sistema bancario paralelo. Una serie de purgas de altos cargos gubernamentales, ha alertado acerca del desarrollo de nuevas crisis políticas. De otro lado, un reguero de huelgas, que en su mayoría tienen un desenlace exitoso para sus reivindicaciones, ha puesto en cuestión la prioridad otorgada a la gran industria en detrimento del consumo personal. Lo mismo ocurre con la estatización de los sindicatos, una base importante del sistema político. Las autoridades chinas enfrentan la necesidad de un nuevo giro en la economía,  pero no hay señales de una liberalización política. Aumentan la censura y la persecución política. Vuelve a emerger la contradicción que llevó a la irrupción popular en Tiananmen.  El ‘fantasma’ que, otra vez, recorre China.