¿Bono
o el despido de un compañero de trabajo? Esta es la pregunta que les
deja el supervisor a 16 trabajadores de la industria de los paneles
solares en Francia. Sus compañeros de trabajo votaron por el bono.
El premio es muy necesario ya que pagan un año de luz y gas, ayudan
a la carrera de estudio de sus hijos, pueden arreglar la casa. El
escritor Baudelaire lo decía de sus personajes: todos tienen sus
razones. Pero, Julieta, una compañera de trabajo, denuncia que el
supervisor presionó a los trabajadores para que votaran contra
Sandra. Y la votación volverá a realizarse. Gracias al consejo de
su amiga y su marido Manu, Sandra irá a casa por casa para que el
lunes cambien su voto.
Mil
euros separan la solidaridad del individualismo. Mientras, la psiquis
y la explotación social resuenan en la cabeza de esta trabajadora y
madre de dos hijos: trabajo o depresión. La voz de los explotadores
acusa: “ya no estás en condiciones”, “la industria china hace
peligrar los puestos de trabajos franceses”. En contra, la voz
cariñosa de Manu que pelea para mantener a flote a su familia: “vos
estás mejor, inclusive quizás mejor que antes”, “levantate de
la cama y vamos a tocar las puertas”, “Julieta quiere hablar con
vos sobre el trabajo, levantate”, “aunque no estemos en nuestro
mejor momento, sé que vamos a encontrar la manera de estar juntos”,
“¿Cuántas pastillas tomaste hoy?”. El gran ausente es el
sindicato.
En
esta micro política por la lucha por la existencia, los hermanos
Dardenne elaboraron un guión de hierro. La patronal elabora una
acusación en secreto y la presenta frente a un jurado parcial, sus
compañeros, que deben defender su medio de vida. Manu y Julieta
elaboran la defensa en sentido inverso: el juicio debe ser público y
personal, se debe carear a cada uno de los compañeros. Pero Sandra
es el centro de esta narración, ella debe humillarse pidiendo que
renuncien al bono, ella sufrió la depresión, y es ella que debe
carear a cada uno de ellos. La intensidad de la narración es lograda
por un diálogo justo, que siempre amenaza en terminar en tragedia.
Estos simples ingredientes levan una historia intensa que a través
del diálogo socrático entre compañeros, amigos, la familia, y el
amor de su marido alcanza la universalidad. Una historia mínima y
universal. Un argumento que se multiplica como hongo con diferencias
y similitudes en la vida de millones de trabajadores ¿Acaso los
trabajadores de la competencia china no habrán tenido ya una Sandra
de ojos rasgados, o no van a tenerla en breve? También, entre
gobernantes y explotados ¿Acaso Alex Tsipras no extorsionó con el
gobierno Alemán a los trabajadores griegos? Esta película es cause
y gravedad de la cultura contemporánea por su universalidad. Sandra
a contramano de la expectativa de la patronal de embrutecer a los
trabajadores, tiene como única tabla de salvación su humanidad, y
le tenderá la mano a un trabajador y compañero precario negro y
musulmán.
