Tuesday, January 9, 2018

Retromania de Simón Reynolds


Reynolds por medio de profundizar sobre qué es la nostalgia sintetiza y estructura 35 años de música. Esperaba un libro historicista aburrido y encontré  a un historiador de Oxford que narra la historia del pop de manera brillante. Ya no voy a poder parar de leer todos sus libros.

Leonard Cohen - Anthem


Ahtem - Leonard Cohen

Ring the bells (ring the bells) that still can ring
Forget your perfect offering
There is a crack in everything (there is a crack in everything)
That's how the light gets in

Wednesday, January 3, 2018

When you are old

When you are old and grey and full of sleep, 
And nodding by the fire, take down this book, 
And slowly read, and dream of the soft look 
Your eyes had once, and of their shadows deep;

How many loved your moments of glad grace, 
And loved your beauty with love false or true, 
But one man loved the pilgrim soul in you, 
And loved the sorrows of your changing face; 

And bending down beside the glowing bars, 
Murmur, a little sadly, how Love fled 
And paced upon the mountains overhead 
And hid his face amid a crowd of stars. 

Monday, January 1, 2018

La soledad de no pertenecer, por Clarice Lispector




"Estoy segura de que en la cuna mi primer deseo fue el de pertenecer. Por motivos que ahora no importan, debía de estar siendo que no pertenecía a nada ni a nadie. Nací por nacer. 

Ya en la cuna sentí esta hambre humana y ha seguido acompañándome toda la vida, como si fuese un destino. Hasta el punto de que mi corazón se contrae de envidia y de deseo cuando veo a una monja: ella pertenece a Dios.

Precisamente porque es tan fuerte en mí el hambre de entregarme a algo o a alguien me volví bastante arisca: tengo miedo de revelar cuánto lo necesito y lo pobre que soy. Sí, lo soy, muy pobre. Solo tengo un cuerpo y un alma. Y necesito más que eso. Quién sabe si empecé a escribir tan pronto porque, al escribir, por lo menos me pertenecía un poco a mí misma, aunque eso sea solo un triste facsímil.

Con el tiempo, sobre todo en los últimos años, he perdido la capacidad de ser persona. Ya no sé cómo se hace. Y una forma nueva de la "soledad de no pertenecer" ha empezado a invadirme como la hiedra de un muro.

Si mi deseo más antiguo es el de pertenecer, ¿por qué entonces nunca he formado parte de clubes o de asociaciones? Porque no es eso a lo que yo llamo pertenecer. Lo que yo quisiera, y no consigo, es por ejemplo que todo lo que de bueno surgiese en mi interior pudiese entregarlo a aquello a lo que perteneciese. Incluso mis alegrías, qué solitarias son a veces. Y una alegría solitaria puede volverse patética. Es como quedarse con un regalo envuelto en papel bonito en las manos y no tener a quién decirle: toma, es tuyo, ¡ábrelo! Como no quiero verme en situaciones patéticas y, por una especie de contención, evito el tono de tragedia, raramente envuelvo con papel de regalo mis sentimientos.

Pertenecer no resulta solo de ser débil y de necesitar unirse a algo o a alguien más fuerte. Muchas veces mi intenso deseo de pertenecer surge de mi propia fuerza, quiero pertenecer para que mi fuerza no sea inútil y haga más fuerte a una persona o a una cosa.

Aunque tengo una alegría: pertenezco, por ejemplo, a mi país, y como millones de otras personas pertenezco tanto a él que soy brasileña. Y yo que, muy sinceramente, nunca he deseado o desearé la popularidad -soy demasiado individualista para poder soportar la invasión de la que es víctima una persona popular-, me siento sin embargo feliz de pertenecer a la literatura brasileña por motivos que no tienen nada que ver con la literatura, porque ni siquiera soy una literata o una intelectual. Soy feliz solo por ‘formar parte’.

Casi consigo visualizarme en la cuna, casi consigo reproducir en mí la vaga y sin embargo permanente sensación de necesitar pertenecer. Por motivos que ni siquiera mi madre o mi padre pudieron controlar, nací y me quedé así: nacida.

Sin embargo fui planeada para nacer de una manera tan bonita. Mi madre ya estaba enferma, y, según una superstición bastante extendida, se creía que tener un hijo curaba a las mujeres de una enfermedad. Entonces fui deliberadamente creada: con amor y con esperanza. Pero no curé a mi madre. Y hasta hoy siento la carga de esta culpa: me hicieron para una misión determinada y fallé. Como si contasen conmigo en las trincheras de una guerra y hubiese desertado. Sé que mis padres me perdonaron haber nacido en vano y haber traicionado su gran esperanza. Pero yo, yo no me lo perdono. Desearía que simplemente se hubiese producido un milagro: nacer yo y curar a mi madre. Entonces sí: habría pertenecido a mi padre y a mi madre. No podía confiar a nadie esa especie de soledad de no pertenecer porque, como un desertor, mantenía el secreto de una huida que por vergüenza no podía ser conocido.

La vida me ha hecho de vez en cuando pertenecer, como si lo hiciese para darme la medida de lo que pierdo cuando no pertenezco. Y entonces lo supe: pertenecer es vivir. Lo sentí con la sed de quien está en el desierto y bebe con ansia los últimos tragos de agua de una cantimplora. Y después la sed vuelve y camino realmente por el desierto."


[(Aprendiendo a vivir, pp. 126-128 - traducción de Elena Losada - fuente: elmontevideanolaboratoriodeartes.blogspot.com]

Wednesday, October 18, 2017

¿La familia Maldonado no marcharía por la aparición de otro cadaver en la misma zona donde desapareció su hijo?

¿La familia Maldonado no marcharía por la aparición de otro cadaver en la misma zona donde desapareció su hijo? ¿No se solidarizaría con la familia anónima del cuerpo anónimo recién encontrado? ¿Acaso las familias argentinas no marchan por la aparición de Santiago Maldonado? La zona donde desapareció Santiago Maldonado llena de riquezas mineras explica la desaparición de su hijo y de cualquier cadáver. Los Benetton y sus sicarios son la ley en la zona. Pero, si no fuera un cadaver político ¿Dónde está el Estado Argentino? Está ausente porque es una zona liberada para intereses económicos y políticos ajenos de quienes trabajan.


Por eso simplemente hay que marchar.

¿Y la familia?

En definitiva, la familia es víctima de las presiones políticas. Los candidatos se llaman al silencio. Los macristas y kirchneristas llaman a no marchar. Mientras un cadaver fue tirado a días de las elecciones para dejar inmovilizados a quienes queremos esclarecer la desaparición. 

Las elecciones, los acuerdos, las leyes, los ministros han sido salvados

      La presión, los servicios, la política de los partidos patronales nuevamente se han puesto de acuerdo a costa de quienes, como Maldonado, luchan en vida por los intereses de los explotados.

Friday, November 18, 2016

Carlos Irusta, una leyenda junto al ring

“Lean a Truman Capote”, era la consigna a los periodistas novicios recién llegados a la revista El Gráfico. El semanario incorporaba periodistas capaces de novelar los testimonios de los deportistas, provocar ansiedad en los lectores por el próximo número de la revista, llenar la abstinencia por el box hasta la próxima pelea, con el placer de la lectura. Tirar testimonios del buzón íntimo de los boxeadores del mundo y regarlo con fotos de ellos cayendo al piso, ante los ojos de los lectores. Una narrativa tradicional con el reportaje periodístico, el “nuevo periodismo” al estilo de “A sangre fría”: ganarse la confianza de los boxeadores. Compartir una comida con ellos y reconocerse como hombres de box a ambos lados de la mesa. Carlos Irusta los conoció a todos desde sus entrañas. Fue el único que entrevistó a Mike Tyson en el país. “Te dejé pasar porque sos hombre de box”, le dijo el campeón en la habitación del Sheraton. Sin conocerlo supo que tenía el curriculum necesario. Lo había empezado a escribir a los 16.
            A Irusta no le interesa narrar los escándalos de los boxeadores.  Podría hacerlo, pero sería dinero fácil para los dueños de los medios. Busca la costura de las historias pugilísticas. "Solamente quiere que lo vean entrenar y saquen sus conclusiones. No habrá cámaras, videos ni fotos, no quiere nadie que se vea lo que hará en movimiento o por foto", fueron las palabras que una vez le dijo el manager de Maravilla Martínez como condición para un reportaje previo a una pelea clave. Irusta lo escribió sin hablar con su entrevistado. Narrador de entrenamientos mudos.

Otras costuras

Una pelea se gana con la cabeza antes que con los músculos. “Es un deporte mental”, le explicó el entrenador de campeones mundiales Angelo Dundee. Irusta, el destinatario de esa conclusión, ha recopilado muchos testimonios que afirman esta máxima: “Véalo morir el próximo sábado en el Luna Park”, cantó a capela Andrés Selpa en la vereda del Estadio Luna Park mientras repartía panfletos para promocionarse ante su rival Rocky Rivero. Serpa le ganaría y al final de su carrera terminaría en el Borda.
La narración de ese miedo y su superación es el nervio ciático de sus composiciones. Narrador psicológico, como las películas de box. Los mayores adversarios de los luchadores, son ellos mismos. Un trabajo difícil para el periodista. Una labor entre cuerdas. Prestidigitador, adivino, tarotista, un investigador de crímenes que todavía no sucedieron. Inspector por dos.
            “Mi primer cuento fue sobre un boxeador que perdió una pelea, pero yo quise que ganara”, recuerda Irusta de su primera pelea literaria a los once años. Su tío Agustín Irusta era cantante y renombrado actor de películas argentinas. Su padre, entrenador primero en la Federación de Box, y luego en el Luna Park. La madre una experta del box y la mejor consejera de su marido, una gran observadora del ambiente, como Carlos la recuerda.

Con los guantes en la cena

El parte pugilístico llegaba a la noche en la cena familiar. Madre, padre e hijo alrededor de la mesa. Los mayores hablando sobre box y los problemas laborales: las charlas técnicas, las discusiones, los revanchismos, los enfrentamientos. El box es el deporte más dramático. Los sábados visitaba a su papá en el gimnasio en un subsuelo frente al Luna Park, luego en el nuevo gimnasio del Luna. Se escapaba y recorría el estadio, miraba las peleas desde la tribuna alta de avenida Eduardo Madero, escuchaba las charlas entre boxeadores y entrenadores.
De adolescente cambió de hábitos. Su mamá felizmente había conseguido un trabajo. Su hijo comenzó a entrenar de chico su profesión: “Hay gente que se levanta con hambre a la mañana, yo con ganas de leer”. Amaba el callejeo, estudiar inglés en la Cultural Inglesa de Congreso y leer de todo en la biblioteca Lincoln, de la que aún hoy es socio. Se entrenó para la vida, la que él quería. Siempre que había una vacante en la radio o en un medio, estaba en el lugar indicado.
            Es un hombre práctico. No se define nostálgico. Pero, no le gusta los modos de hoy: “La gente te empuja y está siempre apurada”. Irusta opina que en otra gran ciudad pugilística como Nueva York, esto no pasa. Además, “antes los ídolos eran del mundo del box, después el fútbol. Hoy el ídolo del barrio para el más chico es el que vende droga, llega con la cuatro por cuatro y no tiene que pegarse piñas y entrenar”, se lamenta. También recuerda que la prensa promovía el box y ahora no está bien visto. Pero también ramata: “Tengo historias para contar. Después de haberlo visto a Monzón, la vara es alta”.
Se divirtió mucho en su vida profesional. Se animaría a escribir otro libro, pero no encuentra el momento. El primer libro titulado “El Sendero del guerrero” es una recopilación de los mejores reportajes a famosos boxeadores y entrenadores para la revista El Gráfico. El impulso de su primer libro surgió por el recuerdo del reportaje a Ramón Jara: “Boxeaba (con el fin de ser famoso) para encontrar a su mamá”. Entonces, junto al ex campeón nacional liviano Lorenzo García, Ramón Jara, Ricardo Alfieri hijo se lanzaron a buscarla, y la encontraron. Otro crimen resuelto.
Junto al box recorrió Rosario, Mendoza, Salta, el país entero. Luego, llegaron viajes a Panamá, Las Vegas, Nueva York, California, por cientos. Disfrutó su vida profesional, pero sufrió su vida personal. El día del nacimiento de su primer hijo, María Julia, llegó de viaje y fue directo al hospital. Usó el pijama que trajo en la valija y se quedó a dormir, sin permiso. “Vos pensás que esto es un hotel”, le dijo su ex mujer. A la mañana siguiente ya estaba en aeroparque camino a Mendoza para relatar la pelea de Hugo Pastor Corro. Ella tenía razón. Los sábados y domingos no existía por culpa del trabajo. Se iba de viaje por una semana o un mes. Si no estaba trabajando, estaba con ellos: “Cuando estaba, me encargaba”, reafirma. Los tres hijos nunca le reprocharon las ausencias laborales. Era el sustento de la familia ¿Qué podía hacer?
“Carlos es un hombre amable, generoso, didáctico”, recuerda su pupilo periodístico Eduardo Bejuk, que hizo sus primeras armas en los noventa en revista “Ring Side”. Aunque luego Bejuk pasaría a trabajar para otro medio, la revista Olé, Carlos Irusta mantendría su ADN con su compañero. Ellos compartieron reportajes, diferentes miradas boxísticas, primicias, durante los viajes de trabajo. Los minutos libres de descanso charlaban sobre literatura y las experiencias que forjan la vida. Su ex compañero de trabajo lo define: “Un hombre juvenil”. Un periodista con  gran enganche con la juventud. Un investigador pugilístico con muchos crímenes por resolver aún.

El destino del dolar y el país

Macri se desespera en hablar con el nuevo presidente electo de Estados Unidos, mientras cae en simultáneo el dólar. Consigue la entrevista, pero el dólar no se anoticia. La política económica del gobierno está en juego. La Argentina se endeudó en 40 mil millones de dólares para cubrir el déficit con bonos con tasas del 9% al 5%. Los bonistas que compraron la deuda, hacían la siguiente operación. Se endeudaban arriba del 2% con el Tesoro Norteamericano, y compraban bonos en Argentina. Ellos hacían la diferencia. El equipo económico de Macri esperaba que la tasa norteamericana iría aumentando paulatinamente, e iba a poder refinanciar la deuda que emitió este año, los años próximos.
Trump ganó las elecciones denunciando el tratado de libre comercio del Nafta, la inmigración, prometiendo el proteccionismo y los mercados financieros dudan que la tasa aumente gradualmente. Si la tasa aumentase a un mayor ritmo que el esperado, la Argentina entraría en default y quienes compraron bonos habrían perdido el negocio propuesto por el equipo de Macri. Pánico en la city. Luego de ingresar cuantiosos dólares, una “mariposa” o, mejor dicho un halcón, rompió la brújula de la previsibilidad. Empezó la fuga de capitales.
Trump en estos últimos días intenta formar un equipo más ajustado a las expectativas del mercado. Nombró a James Dimon, un hombre del JP Morgan (como todo el equipo de Macri), en el Tesoro, y nombró Reince Priebus, presidente de la Comisión Nacional Demócrata, como jefe de Gabinete. Pero también es ambiguo. Su jefe de estrategia y consejero principal es un fascista del Movimiento de la Alternativa de Derecha o “Alt+right”.
Las promesas de Trump también están en el lodo de las ambigüedades: prometió mejores condiciones para los trabajadores, pero está contra el salario mínimo. Promete planes de infraestructura, pero baja el impuesto a las ganancias, que en Estados Unidos sólo pagan los ricos, del 35% al 18%. Tampoco es coherente el plan antiinmigración, si quiere realizar infraestructura ¿Quienes hicieron el Empire State Building y las Torres Gemelas? Macri mira el tiempo económico esperando que los vientos cambien.
Detrás de las ambigüedades de Trump, se esconde un factor determinante: La apuesta de los Halcones de incrementar la guerra comercial con China. Esta es la brújula que se rompió en la economía norteamericana. Cambiar el rumbo de un enorme barco económico, es arto complejo. Obama declaró a principios de su mandato: “El futuro de norteamérica está en el Extremo Oriente”, pero terminó su mandato en medio de guerras en Medio Oriente. Los Republicanos están dispuestos a reforzar el mandato de Obama, pero por otros medios. Trump se declaró contra el Plan del Nafta, porque solapadamente los chinos y los Japoneses ingresan sus productos por México. El primer mandatario hace buenas migas con Putin con la esperanza de separar a Rusia de China. La promesa de recuperar los trabajos que se fueron a países extranjeros, como la siderurgia y la industria automotriz, es la moneda de cambio en caso de que los Chinos no accedan a los acuerdos comerciales norteamericanos. No es en interés de los trabajadores de su país.

Los capitales financieros en la bolsa de China representan sólo el 2% de las transacciones y en Estados Unidos los capitales extranjeros operan por el 30%. China ha ido accediendo a las demandas norteamericanas, porque en definitiva es un gobierno capitalista, pero a su propio ritmo. Estados Unidos, en cambio, se le está acabando el tiempo, en medio de la mayor crisis económica de la historia mundial. Macri mira desde lejos el futuro improbable de su plan económico.