Iron and Wine, alias Samuel Beam, cerró la noche del sábado con un recital colmado en el día del Folk u Open Folk, que comenzó bien temprano en Plaza Seeber y terminó en Niceto. La última es-cena musical de la movida Folk porteña la ofrecería el barbudo Samuel Beam acompañado por los músicos invitados argentinos Diente de Madera junto a su banjo y Karina Vismara, una niña que perfila en este género, que tocaron desde temprano en el recital de los bosques de Palermo. La Open Folk sumó más de mil amigos al aire libre, que luego redirigieron sus brújulas musicales y contribuyeron a llenar el recital de Iron and Wine. Así, la movida Folk porteña juntó por la noche un crisol de almas en la catedral del rock palermitano de Niceto, donde por primera vez Samuel Beam pisó tierra firme en Argentina. Iron and Wine demoró su aparición al escenario, pero el público no se apresuró a reclamar a su artista, como si el atraso fuera parte de la previa. Pero las palmas llegaron y Samuel Beam se hizo presente. Un yanqui cristiano de crianza y bueno frente a un público que vino, en su mayoría, en pareja pero de la más variadas edades, que sólo miraba al frente y no a los lados, como todavía ocurre en las milongas porteñas. Por otro lado, los silenciosos y anónimos turistas norteamericanos. “Amigos de caras sonrientes”, definió Iron and Wine al público río platense cuando alzaba los ojos y los miraba al finalizar un tema, y pedía disculpas por no saber hablar en castellano. Felices estaban por escucharlo por primera vez, y porque él sin saberlo los había acompañado por más de una década. Y este público, festivo como pocos en el mundo, le devolvió la gentileza a su huésped cada vez que pedía disculpas porque, algunas veces antes de empezar un tema, explicaba que se había olvidado la letra. La larga discografía del músico fue su excusa. Los fanáticos de las tierras más sureñas del mundo pedían clásicos “fuera de moda”, como Gray stables, porque querían acompañar y revivir recuerdos propios junto a su alma mater. Oxímoron entre letra y personaje. El amarillento Iron and Wine, el eterno hippie y el ingenuo campechano, el músico que reza en sus letras decenas de veces la palabra “remember” y “love”, el que trabaja el alma con espiritualidad bíblica y se declara agnóstico. Y sin embargo, como disco de pasta rayado , el sketch se reiteraba. Ahora Samuel buscaba, sin acordarse, el acorde de Low light buddy of mine y una minita lo ayudaba gritando “ra minor”. Él agradecía y todos reían juntos. Porque cuando barba tocaba lo realizaba con excelencia, pero había que darle cuerda al hombrecito del banjo y la guitarra, detrás de su pelaje. Wine and Iron, o todo al revés, parecía más víctima del jet lag, que un músico descortés con su público. Será por eso que repetía: “Casa está tan lejos”, como si nada existiera más allá al norte del Ecuador; y ni él supiera, quizás por culpa de Internet, que pudieran existir fanáticos enamorados por estos meridianos, o quizás sólo porque extrañaba a sus seis damitas norteamericanas. Y esta algarabía en un domingo de madrugada sucedía tema tras tema en perpetuo orden: entre el silencio pacífico que puebla las heladas cumbres andinas y el barullo del público al momento de pedir la próxima canción. Los que salieron de boca del público como Bird Stealing Bread, Lovesong of the buzzard, Walking far from home, Faded from Winter y otros, no se escucharon, porque casi siempre barba elegía uno de su gusto, como los conocidos The tree by the river o Upward over the mountain. Brindó con el público un nuevo breve tema pero del que no sabemos su nombre aún, muy cansado debía estar el hombre recién llegado de Sao Paulo, Brasil. De todos modos, Iron and Wine ofreció tres horas del más alto vuelo folk sobre territorio argentino. Sonaron en total catorce temas, entre ellos Trapeze singer, Boy with a coin, Passing afternoon, Naked as we came, Hangs like heaven, lovers revolution, half moon, Low light buddy of mine, Each comming night, Resurrection fern, Around the well y Fligthless bird. “Came again next year”, pidió un fan del grupo del festival del Open Folk, y el propuso: “Puedo mañana”. La producción del equipo de open folk fue una movida inteligente y un verdadero éxito, porque permitió coordinar y reunir a los fanáticos del género con uno de sus mayores exponentes sureños norteamericanos. Ojalá Samuel Beam no pueda tan sólo el día siguiente y la inteligetsia folk nos permita tenerlo nuevamente con nosotros. El nueve de setiembre se presenta en Santiago de Chile y el doce en México DF terminará su gira por Latinoamérica.
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