“No hay rey que no haya tenido un esclavo entre sus ancestros, como tampoco hay esclavo que no haya tenido un rey entre los suyos”
Hellen Keller
Una procesión de niños y adultos caminaban silenciosos y ordenados hacia los pabellones del Encuentro de la Palabra en Tecnópolis en un abril de hojas amarillas y crujientes sobre un cielo tibio y despejado. Cuando el último participante entraba y cerraba la puerta de una sala apenas antes de empezar la actividad, la gran estrella del evento explotaba en la boca de los panelistas en formato de rima, hip hop, audiovisual ó policial negro. Las charlas, conferencias y espectáculos comenzaban así, excepto una. Los curiosos sabían del éxito de un evento por las carcajadas y las preguntas que reverberaban a través de las paredes de durlock, excepto una. Dentro de esta sala, los participantes danzaban con las palmas de las manos; la muñeca; los dedos; el brazo; el antebrazo; los gestos del rostro. Si practicaran esgrima, habrían asustado a cualquiera. Pero no se movían, no se avalanzaban unos sobre otros, tampoco hablaban. Sólo la sala silenciosa, y ellos deglutiendo como camaleones famélicos la escena. El taller se titulaba: “Taller sobre lengua de señas”.
“Estamos muy contentos que haya cinco personas. Usualmente suele haber muchos menos. Les damos las gracias”, contó la primera de tres panelistas. La segunda mujer recitó: “Nuestra tarea en el Museo de Artes de Córdoba es participar al visitante sordo de las visitas guiadas. Sin nuestro trabajo las obras no se conocerían como se debiera”. Santiago, el tercer panelista sordo, describió las bases de la lengua de señas, la cultura sorda y las diferencias con el lenguaje hablado. Las señas son palabras completas y varían según la zona geográfica y las comunidades. Al igual que entre el idioma portugués y castellano, la lengua de señas de dos países como Argentina y Brasil tiene diferencias. Inclusive existen variaciones regionales, como entre cordobeses y porteños. “¿Cómo hacen para hablar con extranjeros o entre personas de distintas regiones de nuestro país?”, preguntaron. “Los sordos prestamos y copiamos las señas con libertad y vamos modificando la lengua. Aprendemos rápido. Además, existe una lengua internacional que se usa cuando se viaja”. También destacó: ”Copiar señas también tiene que ver con la cultura. Por ejemplo, los sordos norteamericanos no copian nuestra señas. Nosotros en general copiamos todo”. La pregunta había surgido porque un participante sordo porteño no entendía la seña para “Buenos Aires” de los panelistas cordobeses. Un oyente porteño hubiera escuchado en cordobés “Bueeeenos Aaaaires”.
La lengua de señas es propiedad de la comunidad de sordos y las comunidades no quieren que los oyentes tomen decisiones por ellos. Los intérpretes deben estar en permanente contacto con los sordos. “Nuestra comunidad debería seleccionar quiénes pueden trabajar”, destacó Mario. Las gerencias de las empresas de medios los subestiman, trabajan para los oyentes y el fin es siempre el lucro. “Necesitamos que el tamaño del cuadro dentro de la pantalla del televisor sea más grande, porque nuestra lengua es visual”, ejemplificó un participante del público. Un caso revelador fue la actuación de un intérprete sudafricano durante el homenaje por el fallecimiento del ex presidente Mandela. Movía las manos incoherentemente. Al terminar el acto, la comunidad lo denunció. Luego se supo que había tenido un brote y que era un intérprete con problemas mentales. El movimiento arbitrario de las manos era similar al discurso de un hablante psicótico. Por eso en Argentina, los sordos organizados promueven una ley para proteger sus derechos. Quieren una legislación para no vivir con las limitaciones que le imponen los oyentes, reclaman una reglamentación que les permita vivir como personas con capacidades diferentes y no como discapacitados. Por estos motivos, reclaman una ley que les permita seleccionar a los intérpretes de los Medios y contar con profesionales gratuitos cuando realizan trámites ante el Estado.
Además, Joana y Gisella comentaron sobre la responsabilidad y el secreto profesional de los intérpretes: “Si a Mario un oyente le dice 'negro culeado discapacitado miserable cabeza de termo', yo tengo que interpretar con la mayor fidelidad posible estos dichos. No puedo elegir qué decirle y qué no. Él tiene el derecho a saber”. Y Continuó: ”Cuando un médico le explica a un sordo que tiene una enfermedad grave, o cuando una madre o novia charla sobre su vida privada, no puedo divulgar la charla, no puedo emocionarme. Yo sólo soy un instrumento”. Sin razón Claudio disparó: “Yo soy un discapacitado”, y ejemplificó: “Si estoy en una autopista en Rusia y mi auto se descompone ¿Cómo llamo a la grúa? ¿Cómo le contesto?”, mientras la voz de Joana que lo interpretaba se quebraba y los participantes descubriamos del engaño del que habíamos sido víctimas ¿La audiencia sorda del auditorio acaso escuchó el desliz? Estas mujeres confesaban su amor a la profesión y al prójimo. Su vocación agredía su profesionalismo. El factor humano delataba y condimentaba el taller. Más tarde, la novia de Claudio advirtió que los sordos son muy sensibles a las imágenes. Ellos saben cuándo sus intérpretes y novias están cansadas, fastidiadas o tristes, inclusive cuando ellas no lo saben. Estas habilidades “extrasensoriales” de los sordos son empleadas por la policía para monitorear el delito en el partido del Tigre, en las ciudades mexicanas y norteamericanas narcotizadas. Bajo la mirada de la pareja, el único periodista de la audiencia concluyó que la entrevista-taller había terminado.