Monday, November 12, 2012

El XVIII Congreso del Partido Comunista Chino


El final de un ciclo, y la transición a una nueva etapa



El XVIII Congreso del Partido Comunista Chino


China es un país único por su cultura, su geografía y su política. También su economía. China ha estado creciendo al 12% anual sin interrupciones durante tres décadas, acompañada por una creciente y alarmante corrupción. Los economistas señalan que los países con crecimiento y corrupción no pueden sostener su desarrollo. Sin embargo, China superó esta barrera por tres largas décadas. El principal debate del Congreso del PCCH, que se celebra del 8 al 15 noviembre, es en relación a cómo limitar la corrupción y continuar el desarrollo económico, en medio de la mayor crisis económica mundial. Las duras condiciones laborales y la indignación de la población china, por el evidente enriquecimiento de los líderes del Partido, agrega mayor presión a los delegados.

La paradoja de la economía China

Para comprender la evolución inédita o paradojal de la economía China es preferible una primera aproximación, antes de entrar de lleno en la problemática. Tomemos un ejemplo cotidiano: el fútbol.
Los países latinoamericanos le asignan al fútbol un excepcional valor social desde comienzos del siglo XX. Alrededor del fútbol se desarrollan lazos sociales y culturales únicos. Las empresas de deportes buscan transformar este valor social en un servicio o producto con potencial comercial. Sin embargo, no fue siempre así. Los vecinos del barrio fundaron clubes y mutuales. La cuota apareció como una necesidad práctica. La introducción o transformación de los clubes en empresas permitió transformar ese valor social original en diversos servicios o productos. El deporte y sus comunidades devinieron en mercancías. Ya conocemos los resultados.
China experimenta una situación similar. La constitución China otorga el uso de las viviendas y propiedades por lapsos de treinta años a sus ciudadanos. China no tuvo un mercado inmobiliario hasta antes de las reformas. La inversión extranjera requería las herramientas políticas del Estado Chino para generar mercados como el inmobiliario. La burocracia China tiene la potestad para desplazar y expropiar a los pobladores y vender las propiedades a privados, gracias a las reformas. Los desplazamientos, expropiaciones, las inversiones extranjeras y los bajísimos salarios hicieron de China un país para la reforma capitalista. A cambio, la burocracia China percibía coimas de las empresas foráneas. Mientras los precios de los bienes en China estuvieran devaluados, en relación a los mercados internacionales, la inversión extranjera podría obtener ganancias extraordinarias. La corrupción es un hito fundamental para la realización de las reformas pro capitalistas. La relación entre corrupción y crecimiento fue durante treinta años proporcional. La crisis mundial está cambiando las condiciones de inversión en China.
El XVIII Congreso del PCCH se encuentra en un período bisagra para China y el mundo. Para continuar con el crecimiento en China deben abrirse nuevos mercados y en simultáneo mantener o disminuir los salarios. Estados Unidos presiona por abrir y penetrar el mercado financiero chino y China aspira a transformar la política económica de exportaciones por el desarrollo del mercado interno. Un cambio de política económica implicaría desarmar la burbuja inmobiliaria que hoy alimenta financieramente a los gobiernos locales, ya con altos déficit fiscales. El desenlace de cualquier opción incluiría nuevas luchas sociales. Los congresistas conocen la revolución, como la reforma inconclusa. Las luchas intestinas dentro del XVIII Congreso Comunista son la manifestación de próximas crisis políticas.
Días antes del inicio del congreso el dirigente Bo Xilai, de origen mahoísta, y candidato al politburó era denunciado por corrupción y encubrimiento de asesinato, y días después el premier Wen Jiabao, pro reformista, enfrentado políticamente a Bo Xilai, era denunciado por The New York Times por acumular una fortuna cercana a 2700 millones de dólares. En medio de estos escándalos, las burocracias por naturaleza son temerosas a los cambios. La postergación de medidas políticas o económicas podría agudizar las complejidades políticas y económicas.
El congreso se está celebrando en el Gran Palacio del Pueblo frente a la plaza Tiananmen. Los recuerdos de la masacre de Tiananmen construyen un cerco sobre los dirigentes. La problemática del Congreso es una alegoría de la Muralla China: se construyó por la enorme debilidad política del imperio. La salida de una futura crisis económica no será a través de mayores inversiones en seguridad interior, que ya supera la inversión militar,  sino alguna muy diferente.
Hace algunas horas, el servicio de Google se ha caído y los pobladores chinos no tienen acceso, excepto los medios gubernamentales, al desarrollo del congreso del PCCH.

Fernando Wermus

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